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Adelardo López de Ayala

Nació el 1 de mayo de 1828 en Guadalcanal, Sevilla, y a temprana edad comenzó a escribir para los teatros de su ciudad natal. Estos espectáculos para adolescentes, realizados por aficionados, se llamaban Salga por donde saliere, Me voy a Sevilla y La Corona y el Fugal. Como la compañía de turismo nunca visitó Guadalcanal y las damas no participaron en los espectáculos, estas tres obras fueron escritas sólo para hombres. Ayala convenció a su hermana para que interpretara a la protagonista femenina de su comedia La primera dama, lo que molestó a algunas personas del pueblo, pero le dio más libertad para utilizar su talento.

A los veinte años se matriculó en la Universidad de Sevilla, pero su carrera estudiantil no fue destacada. En Sevilla entabló amistad con García Gutiérrez, de quien se dice que alentó sus ambiciones teatrales y le transmitió su experiencia como dramaturgo. A principios de 1850, Ayala abandonó su nombre de los libros universitarios y se instaló en Madrid con el objetivo de convertirse en dramaturgo profesional. Aunque no tenía amigos ni influencias, pronto encontró una oportunidad. Una obra poética en cuatro actos, El hombre de la nación, fue aceptada por los dirigentes de los teatros españoles, representada el 25 de enero de 1851 y tuvo un gran éxito.

A partir de entonces, el estatus y la popularidad de Ayala estaban asegurados. Un año más tarde su Castigo y Perdón y la obra más humorística Dos Guzmán le hicieron aún más famoso; poco después el gobierno moderado le nombró para un puesto en el Ministerio de la Gobernación, que perdió en 1854 al ser sustituido por los liberales.

En 1854 escribió Rioja, quizá su obra más notable, y de 1854 a 1856 participó activamente en la campaña política del padre Corvus. En 1855 escribió un coloquio titulado Guerra a Muerte, compuesto por Emilio (Arrieta).

Fue en esta época cuando Ayala pasó del ala moderada al ala progresista y esta maniobra política influyó en el destino de su obra. En la obra Los Comuneros participaron miembros de varios partidos; las declaraciones de los distintos personajes se consideraron un reflejo de las opiniones personales del autor, y cada frase que podía relacionarse con la política actual provocaba los aplausos de la mitad del público y las burlas de la otra mitad.

El 20 de febrero de 1856 se celebró un coloquio titulado El Conde de Castralla en medio de la indignación, y después de la tercera representación la producción fue suprimida por el gobierno ya que parecía que podía causar graves trastornos en el teatro. La ruptura de Ayala con los moderados se consumó y en 1857, bajo la tutela del general Leopoldo O’Donnell, fue elegido diputado liberal por Badajoz.

Sus cambios políticos son difíciles de rastrear o explicar y se le ha culpado sin piedad de ellos. Por lo que se puede juzgar, Ayala no tenía opiniones políticas fuertes, sino que navegaba con la corriente.

Participó en la Revolución de 1868, redactó la Declaración de Cádiz, fue ministro de las Colonias, apoyó la candidatura de Antoine, duque de Montien, dimitió en 1871, volvió a sus antiguos principios conservadores y se convirtió en el primer miembro del gabinete de Alfonso XII. Mientras tanto, independientemente de la controversia sobre su comportamiento político, sus compatriotas fueron casi unánimes en su respeto por su trabajo teatral; su reputación, si bien fue un poco impulsada por El nuevo Don Juan, creció considerablemente a través de Tantor Ciento y La mano de Vidrio. Su última obra, Consuelo, se representó el 30 de marzo de 1878. Ayala fue propuesto como presidente del Congreso poco antes de su muerte, que se produjo inesperadamente el 30 de enero de 1879.

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