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A Isa Ahmad Ibn Muhammad Ibn Qadim

Ā’iša bint Aḥmad pertenecía a una rica, noble e influyente familia cordobesa con fuertes lazos de parentesco con otras familias literarias. Al menos desde el siglo X hasta el XIII, algunos de sus miembros fueron destacados poetas, ulemas o médicos.

Sin duda recibió una formación muy completa, quizá en compañía de su hermano Muḥammad b. Amad (m. 380/990), que completó su educación en Oriente, pero a su regreso parece haber preferido las disciplinas literarias a las jurídicas. Aḥisha siempre se interesó por las ciencias religiosas, así como por la literatura y la poesía, y tenía una biblioteca bien surtida de obras sobre todos estos temas, ya que le gustaba coleccionar libros, algunos de los cuales transcribía ella misma. Ibn Sa’id (citado por al-Maqqari) la consideraba más dotada poéticamente que sus otros parientes, como su tío Abu ÿd Allah al-Ṭabib (médico).

Su riqueza personal le permitió moverse con confianza en los círculos cercanos al poder, aunque sólo hay constancia de su relación familiar con al-Maniur b. Abi Khmir. Ibn Ḥayyan (m. 469/1076) destaca su conciencia de clase asociada a su riqueza como dos de las razones por las que no quería casarse. Los motivos son una posición un tanto inusual en la sociedad musulmana de su época, por lo que se la menciona en las fuentes árabes: porque consideraba que muchos de sus posibles pretendientes eran de clase baja. También habla de su elocuencia y prestigio, que le abrieron todas las puertas, de modo que cuando llevó sus necesidades a personas influyentes, sus quejas nunca fueron ignoradas, y si ofreció mediación, no fueron rechazadas. Fue una de las pocas mujeres poetas de Al-Andalus que compuso panegíricos a gobernantes, en su caso a los dignatarios del gobierno amirí».

Sólo se conservan dos breves poemas de Ā’iša bint Aḥmad, traducidos por Teresa Garulo y M.ª Jesús Rubiera, y la primera estrofa de un himno. El primero es un elogio del hijo y sucesor de al-Manzor, al-Mulfahr (392 / 1002 / 400 / 1009), por el nacimiento de un hijo; el segundo es una respuesta al rechazo de un novio indigno.

Murió en 400/1009, posiblemente, como sugiere Jorge Lira, durante el saqueo de Córdoba, la guerra civil que acabó con el califato omeya.

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